Nombrar a las calles es un poceso que no tiene que ver en absoluto con la intimidad. Al contrario, es expresión de lo que las autoridades creen incumbe a todo ciudadano. Así las calles de la Cuidad de México son lápidas de pensadores y politicos, las de Espanha las escenas de la Pasión de Cristo y sus alrededores, ?Y las de Berlín? Digamos que muchos de los nombres son o serían Catedras Extaordinarias de Filos. Pero junto a ellas se encuentran otras calles cuyo nombre tiene origen en un mero pracmatismo descriptivo (A esta clase tambien pertenecen la mayoria de los cafés): Detrás del Meseo de Historia, La Orilla del rio, Tras el Teatro Schiller...
Pero a todo este acto público de oda-pragmática se le formó una esquina descentrada: Leibniz-Kant (por ciernto, yo vivo en Suarez y la prolongación de Kan, es decir, Nueva calle Kant)
Hago la pregunta, qué creen que hay en ese cruce de tan profundos pensadores, la la intimidad de la mónada y la pulcra moral del imperativo categórico? Ninguno de los alemanes a los que se los he contado había caido en cuenta de lo inesperado del cruce.
Pista, fue Pedro Enrique el que me dijo que fuera a ver la esquina.
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1 comentario:
Ente la mónada y el noúmeno...
¿Te acuerdas de las paletas de la cafetería de arquitectura?
Le tienes que sacar una foto a esa esquina.
Te dejo con un saludo y un beso.
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